El objetivo de las personas, desde que nacen, es un objetivo evolutivo: sobrevivir. No lo olvidemos. Aunque vivamos en un país y en una época en que la supervivencia se da por garantizada, no es así en absoluto ni lo ha sido a lo largo de nuestra evolución.

Una vez vivos y a resguardo, nuestro objetivo, consciente ya (somos los únicos animales con consciencia) es el bienestar, no me gusta hablar de felicidad. Lo definiría como vivir tranquilo, sin que los acontecimientos buenos o malos alteren nuestra paz interior. Estaremos tristes o alegres, dependiendo de lo que suceda, como es lógico y acorde a nuestra naturaleza humana, pero con tranquilidad y paz interior.

Para sobrevivir y para buscar ese bienestar a diario, los seres humanos dedicamos gran parte de nuestro día a trabajar. Entendamos este concepto desde lo más amplio, no sólo significa acudir a una oficina y pasar 8 horas allí. Este trabajo es un instrumento y un medio, que debe estar orientado a nuestra supervivencia y bienestar.

Muchas personas vienen a mi consulta de psicólogo aquejadas por problemas de ansiedad y tristeza extrema que por ellos mismos ya no saben cómo resolver. Y, muchas veces, un ingrediente esencial para esos problemas es su trabajo (aquella actividad donde están la mayor parte de día) o sus compañeros de trabajo (las personas con las que conviven la mayor parte del día).

Yo también lo he sufrido y por eso sé mejor de lo que hablo. cuando un domingo te empiezas a entristecer ante la «obligación» de acudir el lunes a trabajar. O despertarse cada día a las 4 ó 5 de la mañana mirando continuamente el despertador, no queriendo que llegue el momento de ir a trabajar, no ser capaz de afrontar ese momento y echarse a llorar al pensarlo.

Esto no puede continuar así. Si esto te sucede, plantéate que algo hay que cambiar, es posible que estés quemado con tu trabajo o, peor aún, sientas indefensión. Consulta con tu psicólogo de confianza.

Al trabajo hemos ir a pasar un buen día, por lo general; Obviamente siempre tendrá sus momentos más grises y más duros. Si se convierte en un sufrimiento, podemos aprovechar esa crisis para realizar un buen replanteamiento vital; quizá me he equivocado de profesión… no pasa nada, mejor es darse cuenta y cambiar que seguir por inercia y convertirnos en personas infelices.

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