Algunos expertos lo llaman “alimentación emocional”. Se produce casi siempre cuando estamos pasando ansiedad o estrés por alguna situación en concreto: estamos cerca de un examen, una separación, un cambio laboral incierto… y muchas otras razones, y nuestro cerebro busca hacer frente a estas situaciones con las ganas de comer que creemos tener.

Se dice que masticar, al poner en movimiento músculos y consumir energías, distrae la mente de las preocupaciones de ese momento.

Pero no solo es comer, es lo que comemos, ya que el cuerpo nos pide dulces, refrescos, alimentos procesados, comida rápida… lo que puede desembocar no solo en aumento de peso, sino en problemas mayores a nivel físico como los del corazón, hipertensión, colesterol… y emocionales, nos sentimos con mucha culpa por saber que no estamos alimentándonos bien, y se convierte junto con el malestar previo, en un círculo.

¿Qué podemos hacer cuando sintamos angustia, nervios y ansiedad y nos de por comer?

  • Lo mejor es pensar y lidiar con lo que nos aqueja.
  • Distraernos. Si nos quedamos inmóviles pues claro que comeremos hasta no parar. Lo mejor es buscar una actividad qué hacer: salir a caminar, ordenar cosas, hasta una ducha. El movimiento ocupa la mente.
  • Practiquemos la meditación. Los ejercicios de Mindfulness nos ayudan a centrarnos.
  • Si no es posible realizar en ese momento una actividad física ni la meditación, opta por el agua, que además de hidratar aclara la mente. Lleva contigo siempre que puedas tu botella de agua.
  • Si no consigues calmarlo con estas recomendaciones, busca ayuda de profesionales.

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