Todos aspiramos a dedicar la mayor parte de nuestro tiempo a actividades con las realmente disfrutemos, nos sintamos bien o nos hagan crecer y sentirnos realizados como personas y profesionales. Nuestro tiempo de ocio de hecho lo dedicamos en mayor o menor medida, en función de las posibilidades reales a este tipo de actividades, las seleccionamos e intentamos organizar nuestro tiempo libre a practicarlas.

Pero ¿qué ocurre con nuestro tiempo dedicado a las actividades profesionales? Es decir, ¿qué ocurre con la mayoría del tiempo de nuestra jornada diaria en el que estamos ejerciendo una profesión (trabajando)?

Casi todos estamos convencidos que son muy pocos los ‘privilegiados’ que realmente pueden trabajar en lo que realmente les apasiona y lo asumimos con cierta resignación intentando compensarlo con otro tipo de incentivos: un buen salario, la estabilidad laboral, la posibilidad/necesidad de contar con esos ingresos o incluso la no existencia de alternativas a la hora de plantearnos cambiar de trabajo. Evidentemente siempre podemos intentar cambiar de trabajo pero no es tan evidente y realista que lo podamos lograr, también podemos renunciar a un buen salario y vivir de forma más modesta pero tampoco es sencillo adaptarse a esta situación.

Si analizamos con detalle la situación, es evidente que por mucho que en esencia nos guste nuestro trabajo siempre habrá situaciones, personas, actividades que nos disgusten, tanto para las personas que afirman apasionarse por lo que hacen como para que abiertamente muestran su insatisfacción. La diferencia entre una y otra situación es por tanto una cuestión de grado: cuántas actividades nos gustan y nos disgustan y lo que es más importante, incluso una cuestión de actitud.

Si hacemos un esfuerzo por identificar primero las situaciones y actividades que nos resultan agradables dentro de nuestro trabajo y somos conscientes, podremos intentar realizarlas en mayor medida o con mayor frecuencia (como en el caso de nuestras actividades de ocio). Por otro lado, respecto a aquellas que nos disgustan más también es necesario analizar por qué nos disgustan: muchas veces nos generan temor por ser novedosas, aburrimiento por ser monótonas, ansiedad por miedo a fracasar y simplemente las hemos ‘etiquetado’ como desagradables sin analizar más y lo que es peor, las hacemos más salientes llegando a la conclusión que nuestro trabajo en general no nos gusta.

Resaltar conscientemente lo agradable y analizar la causa última de lo desagradable para racionalizarla y poner medidas, es la clave para disfrutar más del tiempo que dedicamos a nuestro trabajo, pues realmente las personas que afirman que hacen lo que les gusta es que han hecho un esfuerzo en este sentido y han conseguido que les guste lo que hacen.

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