Seguro que muchas veces os habrá pasado, como a mí, que intentamos entender las razones por las que nos suceden algunas cosas, que no podemos preguntar a quien nos la hace o, sencillamente, no están claros los motivos.

Por ejemplo. Intentamos entender por qué una persona, que nosotros vemos como ideal y maravillosa, no nos quiere o no acepta una invitación nuestra. En esas situaciones, a veces nos volvemos casi literalmente locos pensando qué podrá estar motivando a esa otra persona a no respondernos. Tampoco nos atrevemos a preguntarle directamente, para no hacer demasiado explícito nuestras intenciones o por no parecer pesados… Si pudiéramos ver, en su cabeza, los motivos de su rechazo, nos daríamos cuenta de que pueden ser de lo más variados y no todos ellos incluyen un rechazo explícito a nuestra persona. Tantas veces ni siquiera la propia persona ve claros los motivos de sus actuaciones, tampoco las analiza, se deja llevar por intuiciones o por lo que le apetece en ese momento, quizá para ella no es tan vital esa decisión como nos lo parece a nosotros.

O, por ejemplo, en otras ocasiones, echamos nuestro CV a una oferta que tiene todos los ingredientes para ser “el trabajo de nuestra vida”. Quizá incluso pasamos alguna entrevista y ya lo vemos más cerca… Pasan las semanas y no tenemos respuesta. Por nuestra cabeza pasan varios posibles motivos: Todavía no tendrán claro con qué persona quedarse… Quizá aquella respuesta que di en la entrevista no fue apropiada… Seguro que no les gustó mi vestimenta ese día… Sin embargo, quizá el motivo real sea otro: han dejado de necesitar ese puesto en la empresa, no tienen dinero actualmente para contratarnos, incluso les parecimos “excesivamente buenos para el puesto que ofrecían”. También han podido perder o traspapelar nuestro expediente. O, incluso, no les gustamos, no por nuestra poca valía sino por el feeling o intuición del entrevistador.

Mi psicólogo y mentor, Pablo, me dijo en una ocasión: “Me gustaría tener el superpoder de conocer el motivo de las cosas”. Y no solo se refería al motivo de los demás sino a las verdaderas motivaciones por las que nosotros mismos hacemos las cosas. ¿Por qué no he ido hoy a esta cita, que a priori era tan interesante y beneficiosa? No me apetecía, pero no sabría decir por qué. Muchas veces me pregunto el motivo por el que algún paciente, al que he atendido con todo mi cariño, dejó de venir cierto día. No siempre los motivos están claros, ni siquiera tienen que ver con algún defecto mío…

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