Hay algunas personas que tienen la teoría de que la vida va por rachas. Hay veces que te va bien, las cosas van de cara y todo parece salir bien. En otros momentos, comienzan a suceder cosas “malas” y entramos en la racha “negativa”. En la Biblia, el libro que ha inspirado nuestra tradición en Occidente y la educación en nuestro país, hay un episodio que ilustra muy bien este tema: la historia del Santo Job. Hubo momentos en su vida en que todo le iba bien, tenía todo lo necesario, nadaba en la abundancia. De repente, se volvieron las tornas, perdió todos sus  bienes. Su actitud de conformismo y aceptación, me sirve de ejemplo para sobrellevar los acontecimientos vitales, los positivos y los negativos: “Tú, Señor, me lo diste, tú me lo quitaste.”

Al margen de las creencias de cada uno, me gustaría reflexionar sobre las llamadas “rachas”. Es obvio que nosotros, cada uno, podemos luchar y trabajar mucho, tratar e influir en nuestras circunstancias y condiciones de vida. Está en nuestros genes, sobrevivir y adaptarnos. Sin embargo, por mucho que nos creamos con el control de nuestras circunstancias, muchos acontecimientos externos, la gran mayoría, escapan a nuestro control.

Por esto, es bueno que para que nos paremos a reflexionar, tanto en lo que consideramos éxitos como en los fracasos: ¿Qué parte de lo que ha sucedido ha sido por mi intervención y qué otra parte ha sido por las circunstancias externas? Esta reflexión nos traerá paz. Hemos hecho lo que estaba en nuestras manos, pero también influyen muchísimas otras circunstancias. Por tanto, ¿Tenemos la culpa de lo que nos sucede? Culpa, no. Cierta responsabilidad, claro que sí.

Por otra parte, respecto a las mal llamadas “rachas”, dejando al margen las circunstancias externas, que ya hemos visto que son responsables de la mayor parte de lo que sucede, fijémonos en la actitud de la persona. Muchas veces, aprovechamos un acontecimiento positivo para “agarrarnos, hacer palanca” y, mejorando nuestra actitud, comenzar a actuar en otros terrenos y propiciamos otros acontecimientos positivos. También al revés, nos sucede algo negativo y nos hundimos, dejamos de actuar, y nos sobrevienen otras “catástrofes”.

Por tanto, ante cada acontecimiento, reflexión, consciencia y… después: Actuar. Un paciente hace unos días, me enseñó una estupenda máxima para momentos de crisis: “Parar, pensar, respirar y actuar”.

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