En consulta nos solemos encontrar con esta patología tanto dentro de dinámicas de pareja como de forma solitaria. En algunas ocasiones las personas que presentan esta sintomatología si tienen datos objetivos o información para tener los celos pero otras veces no, es en este caso cuando se considera una patología.

En el primer caso, cuando se tienen pruebas objetivas para tener celos poco podemos hacer desde nuestra consulta como psicólogos. En la mayoría de las veces acude uno de los dos miembros de la pareja, porque el otro niega estar con otra persona, y consideran que “se están volviendo locos” y que “están deteriorando la relación con su comportamiento”. Es cierto, que el comportamiento celoso de una persona afecta a la relación, pero si ésta ya está rota por otros motivos, no admitidos, no debería recaer todo el peso de la ruptura sobre él.

En el segundo caso, nos podemos encontrar una dinámica de pareja en la que previamente ha habido una infidelidad que previamente se ha perdonado. Pero las dudas sobre si puede haber otra infidelidad están ahí (como ya os comenté en un post anterior).

En el tercer caso, nos encontramos que las personas que tienen una patología, la celotipia. Las características más comunes son: pensamientos irracionales sobre la infidelidad, conductas dirigidas a comprobar dicha infidelidad, sentimientos intensos de cólera, miedo, tristeza y culpa, violencia verbal o física contra la pareja y/o supuesta rival. Principalmente se suele dar en el entorno de la pareja pero a veces puede ocurrir también en el entorno laboral o incluso familiar, entre hermanos.

 

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