Dentro de la disciplina de psicología sabemos que nos podemos encontrar con cualquier persona que en cualquier momento evolutivo tiene determinados problemas afectivos, pero en la sociedad o a pie de calle, es bastante más difícil encontrar a personas que puedan considerar que cualquier persona pueda sufrir emocionalmente de tal forma como para desarrollar un trastorno psicológico.

Un claro ejemplo de ello es que la importancia que desde hace poco se va dando tanto a la población geriátrica como a la infantil, poblaciones que hasta hace poco no se contaba con ellos, hablando desde un punto de vista psicológico.

Por lo tanto, centrándonos en los niños pueden desarrollar diferentes trastornos afectivos desde una edad temprana hasta su edad adulta. Los motivos por los cuales pueden desarrollar un trastorno afectivo son muy dispares pues también influye el apoyo que ellos perciban en sus padres, tutores o personas adultas de referencia con las que conviven. Pueden sufrir trastornos como depresión, ansiedad, somatización, etc. pero también determinados rasgos característicos de estos trastornos pero no el trastorno completo en sí.

El mayor problema que nos encontramos con los menores es que son sus padres o los profesores, en definitiva aquellas personas con las que pasan más tiempo, quienes tienen que darse cuenta de que algo va mal en el menor. Ya que ellos no saben verbalizar que les ocurre, además, tampoco saben que lo que están experimentando es algo que no deberían sentir porque les hace daño. Por lo tanto, los menores acuden a terapia acompañados de sus padres cuando han empezado a realizar determinadas conductas que antes no hacían o conductas que los padres no consiguen controlar.

Los niños con depresión suelen mostrarse más retraídos, hablan menos, disfrutan menos de las cosas, sonríen menos, están como más metidos en sus pensamientos. Los niños con ansiedad están más irascibles, saltan a la mínima, responde mal pero a la vez necesitan estar cerca de sus padres para que les proporcionen cierta seguridad.

¿Cómo tratamos este tipo de trastornos en Conectia Psicología?

En primer lugar, nos reunimos con los progenitores o cuidadores del menor para que nos cuenten el motivo por el que vienen y tras la entrevista nos gusta que nos cumplimenten algunos tests sobre el menor, como el Test ACBC de Achenbach, un listado de conductas que los menores pueden estar realizando en mayor o menor medida. Posteriormente, hablamos con el menor, en algunos casos el menor se muestra más colaborador y en otros casos se muestra muy cerrado. Dependiendo de la edad, a veces, usamos también algún tipo de cuestionario o alguna técnica proyectiva (test del árbol, del dibujo, etc.) con ellos.

La intervención con el menor suele depender del trastorno o la sintomatología detectada a través de la información proporcionada por los padres y los cuestionarios cumplimentados. Intentando que dicha intervención sea lo más práctica y amena para el menor, ya que el objetivo es enseñarle pautas para hacer frente a sus emociones y saber enfrentarse a las diferentes situaciones que les generan la sintomatología.