Ataque de ansiedad o ataque de pánico, es un círculo vicioso, propiciado por nuestro cerebro que, ante sensaciones corporales de miedo, las interpreta como síntomas de algo grave y genera más miedo a su vez: miedo a volverse loco, a perder el control, a morir…

El miedo es una emoción evolutiva y adaptativa, vive con nosotros desde el inicio de la humanidad. Ante situaciones amenazantes, el cuerpo humano desarrolla una reacción genérica y característica de miedo: El corazón late más rápido, se respira más aceleradamente para enviar oxígeno a las extremidades, las pupilas se dilatan para abarcar mayor campo visual. Se libera cortisol y se produce un gran flujo hormonal.

Toda esta reacción corporal, cuando se genera ante un peligro físico, nos ayuda a luchar o huir. Si se genera ante un reto, nos puede incluso ayudar a abordarlo con más energía. Sin embargo, si estamos sometidos a estrés continuado, el mecanismo del miedo se habitúa. De repente, puede activarse ante situaciones internas subjetivas que, aparentemente, no requieren tal respuesta. Quizá una percepción de calor, un fugaz pensamiento, provocan en la persona una reacción de miedo, aprendida en respuesta a lo que alguna vez nos amenazó.

Cuando estamos quietos, en reposo, algunos de los síntomas del miedo pueden experimentarse con temor. Ese temor alimenta la reacción de miedo en un bucle. Se experimenta taquicardia, respiración agitada, sentimos hormigueo o entumecimiento en nuestras extremidades. Tememos marearnos y caernos, perder el control. Con tanto flujo de sangre, sentimos calor y sudamos más.

¿Cómo tratamos los ataques de ansiedad o pánico en Conectia Psicología?

No existen los ataques de ansiedad. Lo que existen son personas que padecen ataques de ansiedad. Y, así como cada persona es distinta, su problema de ansiedad también lo es. Cuando viene  una persona a nuestro despacho y nos consulta por ataques de ansiedad, lo primero, como con cualquier otro paciente, realizamos una evaluación de su problema.

Un aspecto importante a descartar es que los síntomas que percibe el paciente no sean debidos a un daño neurológico, por lo que sugerimos que, si no lo ha hecho ya, vaya a su médico de confianza y descarten el origen neurológico de sus síntomas.

A partir de ahí, además de tratar el resto de problemas que traiga el paciente, ayudarle a reorganizar su estilo de vida, si así lo solicita, por otro menos estresante, organizar su patrón de sueño, comidas y ejercicio físico.

Centrándonos en sus ataques de ansiedad, tratamos a los pacientes siguiendo, fundamentalmente, los siguientes pasos:

  • Educación psicológica. Revisamos con el paciente su concepto de ansiedad, el valor adaptativo de esta, diferentes ejemplos de su utilidad y el papel de lo cognitivo (la interpretación del peligro que corre con el ataque) en la aceleración y perpetuación de sus ataques de pánico.
  • Reestructuración cognitiva. Analizar la interpretación principal del peligro que tiene el paciente, revisando sus pros y contras, sus probabilidades de suceder, en definitiva, su utilidad para el paciente
  • Entrenamiento en respiración lenta y/o relajación de brazos y piernas
  • Técnicas de distracción y/o aceptación. Utilizando entrenamiento Mindfulness
  • Experimentos de comportamiento en la vida real. Para analizar la consolidación de la mejoría del paciente.