¿Qué entendemos como trauma?

Es una situación vivida o presenciada por la persona, en la que se pone en peligro la vida, o la integridad física del que la sufre. Después de estas situaciones, la persona suele sufrir un estrés agudo en los días posteriores. O, en el peor de los casos, un trastorno de estrés postraumático (TEPT) , si se prolonga en el tiempo. Incluso puede aparecer bastante tiempo después del evento traumático.

Es importante distinguir dos tipos de trauma. Por una parte estarían los traumas tipo I, eventos puntuales en el tiempo, como por ejemplo una catástrofe natural, un accidente de coche o una violación. Sin embargo, cualquier situación de miedo experimentada  repetidamente durante un largo período temporal puede desencadenar un TEPT (es lo que llamamos trauma tipo II, más grave y con peor pronóstico que el trauma tipo I). Un claro ejemplo son las víctimas de violencia de género, o de bullying (acoso escolar) o de mobbing (acoso laboral) las cuales experimentan situaciones que le producen miedo y le generan ansiedad, un día y otro día y así sucesivamente. Además, las personas que lo sufren no son capaces de explicarse por qué les sucede eso y, por tanto, les cuesta más contarle a alguien lo sucedido y pedir ayuda. Lo que da lugar a que cuando piden ayuda, finalmente, han estado sufriendo un daño constante mantenido en el tiempo que ha terminado siendo un TEPT.

Un TEPT se caracteriza por una variedad de síntomas que afectan el funcionamiento de la persona en el día a día, en las relaciones personales, laborales, sociales, etc. Estos síntomas pueden ser:

  • Síntomas intrusivos. Se producen recuerdos, pesadillas, de forma recurrente, que denominamos flashbacks
  • Síntomas de evitación. La persona evita, consciente o inconscientemente, todo aquello que tenga que ver con el suceso traumático (lugares, personas, situaciones, pensamientos, etc.)
  • Alteraciones cognitivas y del estado de ánimo: Sentimientos de culpabilidad, carencia emocional, etc.
  • Alteraciones en la activación y reactividad  La persona está excesivamente activada, lo que le lleva a mayor irritabilidad y falta de concentración.
  • Descargas hormonales. El suceso estresante supone una tremenda liberación de hormonas, necesarias en principio para afrontarlo. Si esta liberación no termina allí y el suceso suele re-experimentarse en el cerebro de la víctima, vuelve a suponer una gran ansiedad y una nueva descarga hormonal. Dichas descargas, fundamentalmente de cortisol, cuando son muy repetidas y prolongadas, acaban siendo perjudiciales para el sistema inmunitario de la persona.

En Conectia Psicología tratamos los traumas mediante las técnicas más contrastadas y eficaces, como EMDR y Mindfulness.