Es un tema que está de moda: “¿Tiene mi hijo déficit de atención? Es muy movido y no me hace caso, no para…”. Lo primero que quisiera decir al respecto es que no conviene banalizar el trastorno TDAH. Es difícil que tu hijo deba ser diagnosticado como TDAH, lo más normal es que sea un niño inquieto, juguetón, deseando descubrir cosas nuevas… en definitiva: ¡Un niño!

Una de las cosas importantes a la hora de diagnosticar TDAH es que el comportamiento inquieto, impulsivo o desatento debe verse en diferentes entornos, no sólo en casa o sólo en el colegio. Si sólo es propio de un entorno, entonces el problema es del entorno y puede corregirse cambiando aspectos del mismo. Por ejemplo: Si el niño es desobediente e inquieto en casa pero no en el colegio, quizá pueda corregirse dándole órdenes más directas, cortas y claras; cara a cara, asegurándonos primero de tener contacto visual con el niño.

Como comentaba al inicio, también es una cuestión de grado. Todos los niños del mundo son, en alguna medida impulsivos, activos e inatentos. Sólo cuando estas características se dan de manera muy saliente, más acusadas de lo normal en un niño de su edad y cuando perjudican al niño en algún aspecto significativo, es cuando puede ser pertinente un diagnóstico del problema.

Es importante tener en cuenta que una etiqueta como TDAH puede perjudicar al niño y a la familia. En general, las etiquetas no ayudan. Son excusas que nos impiden actuar. Por ejemplo, los niños que se escudan en su etiqueta para esconder su mal comportamiento: “Es que el médico me dijo que soy TDAH”. O padres que ya no le educan: “Déjale, es así de trasto, es TDAH, no hay nada que hacer”. Es por esto que, nosotros en la consulta, preferimos no hablar de este trastorno y sí de los posibles problemas que cada niño tenga y lo que conviene hacer para minimizarlos o corregirlos.

También es importante señalar que, en nuestra opinión, al no conocerse todavía desde el punto de vista de la medicina si los cerebros de los niños con TDAH son cualitativamente distintos y en qué sentido, la medicación que se utiliza para su tratamiento, que aún no se sabe bien cómo actúa, debe ser la última opción y en los casos más graves. Actualmente la medicación existente tiene muchos efectos secundarios y elimina comportamientos que serían necesarios o deseables en niños de su edad.

Hay tres características que indican, si son graves, que nuestro hijo puede tener lo que se denomina trastorno de déficit de atención con hiperactividad (TDAH). Pueden darse las tres características a la vez o por separadas. Las enumeramos y definimos brevemente:

  • Inatención: Falta de atención a las instrucciones o normas, o a las situaciones
  • Impulsividad: Incapacidad para controlar los impulsos, actuar sin pensar
  • Hiperactividad: Exceso de actividad, como si el niño fuese movido por un motor

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