Hay una costumbre de decir “a mi hijo le voy a dar todo lo que nunca tuve”, yo también lo decía incluso en la infancia, cosas que veía que no me daban mis padres decía que mis hijos las tendrían. Pero ¿Esto es bueno?

En realidad siempre por naturaleza queremos lo mejor para nuestros hijos… que si hacer algún deporte es bueno para su salud, que si algo artístico ayuda a desarrollar su mente y creatividad, o hasta el punto de decir, que tenga todos los juguetes que se pida porque será más feliz. A veces no contamos con sus propios deseos, que para eso es una persona con características y necesidades propias. No son una réplica nuestra. Me he encontrado padres o madres recogiendo a sus hijos de sus actividades extraescolares diciendo: “les tengo aquí porque tienen que aprender de todo”, “mientras más aprendan mejor”, “le apunto a esto porque es bueno que sepa hacerlo”, o “le apunto a lo otro porque de pequeña quería aprender o porque a mí me gusta”. O por el contrario “yo juego fútbol, mi hijo tiene que jugar fútbol”… Y que se sepa que no por estos comentarios son malos padres ni mucho menos. Vemos reflejados nuestros deseos (cumplidos o no, o impuestos) en nuestros hijos, sin pararnos a veces a pensar si son sus propios deseos. ¿Y qué ocurre? Niños desmotivados, tristes, agotados, y a veces con otro tipo de dificultades.

De pequeña quería tocar piano, no fue posible, factores como el tiempo, lo económico y las pocas facilidades tuvieron que ver, de lo cual se aprende también, y mucho, porque a través de las carencias se crece sabiendo que en la vida no se puede tener todo lo que se desea y muchas cosas hay que conseguirlas con mucho trabajo, así se aprende a valorar las cosas, a ser conformes con lo que se tiene y a la vez perseguir sueños hasta hacerlos realidad en algún momento más adecuado (lo cual también a cierta edad te ayuda, porque nunca es tarde para muchas cosas). Por eso tampoco podemos frustrarnos si no podemos darles a nuestros hijos algo que desean, porque al final detrás hay un aprendizaje. Cada familia es distinta, cada persona, cada situación. Lo único que importa es saber lo que quieren, preguntarles siempre si les gusta lo que están haciendo, conocerlos más, comunicarnos y no imponer cosas innecesarias, simplemente hacerles partícipes de su propia vida aunque claramente les guiemos como padres que somos.

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