Este fin de semana nos hemos reunido toda la familia en una casa rural, los abuelos, patriarcas y responsables de lo que vino detrás, 10 hermanos con sus cuñadas/os y 14 niños.

En 2005 se instauró la tradición: Cada año, desde hace 14, nos juntamos una vez al año casi todos, los más posibles, para convivir, al margen de otros eventos y comidas familiares donde es casi imposible charlar tranquilamente y pasar tiempo juntos.

Llevo una época muy pegado al móvil, en parte por mi tipo de trabajo… Al llegar a nuestra reunión familiar, más bien desde antes de empezar, decidí aparcar el móvil y no utilizarlo durante esos días. Estas son mis conclusiones de esta experiencia:

  • El teléfono móvil nos facilita algunas cosas, pero no es imprescindible. Tengo que reconocer que, en algunos momentos, estuve muy tentado de utilizarlo: como GPS para llegar al lugar, como “seguro de vida” en excursiones a pie por la zona. En estas ocasiones, lo llevé en el bolsillo aún sin utilizarlo, sólo para emergencias.
  • He disfrutado mucho más de mis sobrinos pequeños: En otras reuniones, cuando no había un adulto “a mano” para charlar, me refugiaba en leer algo en el móvil. En esta ocasión era más consciente de los demás, me daba cuenta de que había niños jugando entre ellos, pero otros solos, quizá por edad no encajan con los otros o no se comunican bien. Me centré en ellos, en hacerles compañía, cogerlos en brazos (sí, con las dos manos, ya no tenía una mano atada al móvil).
  • He descansado mucho mejor. Por un lado, mi cabeza se ha oxigenado, al no tener que pensar en tantas cosas diferentes como nos obliga el móvil: en el trabajo, las cuentas, las noticias de distintas partes del mundo, etc. También mis ojos han descansado, al principio me costaba posar la vista en paisajes lejanos, tan acostumbrado estaba a mirar a 30 centímetros el móvil. Poco a poco me fui acostumbrando a percibir paisajes en su belleza natural y sobre todo, personas, en este caso familiares, con sus costumbres y formas de ser cotidianas, que ya había olvidado, quizá nunca llegué a conocer de verdad. Me he fijado algo más en mi madre, que ha pasado de ser la cuidadora de todos a un nuevo rol que está aprendiendo a interpretar.

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