Hay profesiones dedicadas a ayudar a los demás, como pueden ser médico, psicólogo… Y en las diferentes religiones, personas que cuidan del resto: sacerdotes, consejeros, etc. Además de por nuestra profesión, hay personas que, por su personalidad, son más proclives a ayudar a los otros, a cuidarlos, a empatizar con sus necesidades.

Y en el mundo actual, en el que prima una cultura individualista, es muy frecuente encontrar personas que se sienten solas, que tienen grandes necesidades afectivas y emocionales.

Si juntamos ambos aspectos, vemos cómo las personas que nos dedicamos a ayudar a los demás, cada vez sentimos más demanda. Y, por poco empático y cariñoso que se muestre uno, hay muchas personas que te buscan a cualquier hora, muchas veces sin darse cuenta de nosotros también tenemos nuestras necesidades y horarios.

En un mundo tan globalizado y con tantas redes sociales, es difícil mantener nuestra intimidad y privacidad, por lo que nos sentimos expuestos de forma bastante continuada, esto genera también en nosotros malas experiencias y culpa, si no nos cuidamos: “No soy capaz de llegar a todos, no he podido atender a tiempo a esta otra persona… “, O incluso nos sentimos mal si hemos tenido que decir que No a alguien.

Voy a dar algunos consejos para que esto no nos pase tanto:

  • Intentar restringir nuestra ayuda a los horarios destinados para ello, nuestro horario laboral. Si alguien nos contacta por whatsapp, messenger o llamada fuera de estas horas, con palabras cariñosas le ofrecemos, cuando tengamos hueco en nuestra agenda, una cita formal, ya sea en persona o por vídeo-conferencia, en la que nos pueda contar todo de forma tranquila y estructurada. Le transmitimos que le hemos entendido, pero esos temas no se pueden tratar así.
  • Pasar horas, e incluso días completos, de descanso real, sin conexión a las redes sociales. No suele haber nada tan urgente que no pueda esperar un día. Es cierto que algunas profesiones no tienen horarios, pero sí nosotros como profesionales los tenemos que establecer, quizá flexibles: ciertas tardes, nuestras horas de sueño, algún día libre, etc. En esos momentos, no contactamos en redes sociales.
  • Intentar ayudar y atender las necesidades, restringidas al contexto en que sea debido. Por ejemplo, si soy psicólogo, lo soy con mis pacientes, no con mi familia, cuñados o amigos. Obviamente podré escuchar a todos, pero para derivarlos a la correspondiente ayuda profesional, no intentar nosotros arreglar todo de todos.
  • Ten tu propia persona de confianza con quien hables periódicamente y puedas descargar.

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