Si bien no he leído estudios al respecto, en mi experiencia he podido constatar que una mayoría de personas que sufren depresión tiene gran capacidad de empatía.

La empatía se basa en el funcionamiento de una zona del cerebro donde residen las llamadas neuronas espejo, cuyas conexiones se desarrollan en función de la actuación de nuestros congéneres y cómo las percibimos y vamos integrando.

Cuando vemos actuar a nuestras figuras de referencia en el entorno en que crecemos, vamos estableciendo conexiones neuronales en ese área, que nos ayudan a entender sus conductas y a grabarlas en nuestro cerebro para que en adelante nos faciliten la convivencia con esas personas (o semejantes). Lógicamente, nuestra supervivencia depende de nuestra interacción con otros seres humanos y cuanto antes aprendamos a entenderlos y agradarlos, mejores relaciones estableceremos, nos ayudaremos mutuamente a sobrevivir.

Hay personas que desarrollan una gran capacidad de empatía, de ponerse en el lugar del otro: Esto es lo que los psicólogos conocemos como Teoría de la mente, o la capacidad que tiene una persona de imaginarse en su cerebro cómo otra persona se está sintiendo, está pensando en un momento dado, ante una circunstancia concreta, en función del contexto y de sus manifestaciones corporales.

Esto es en parte genético pero, en gran parte, se desarrolla en los tres primeros años de vida, al interactuar con nuestros cuidadores y establecerse la figura de apego principal.

En el otro extremo de la empatía se encuentra lo que podemos denominar como psicopatía. El psicópata no comprende las emociones de los demás.

Pues bien, vengo desarrollando, según mi experiencia, la teoría de que somos las personas más empáticas las que tenemos más tendencia a la depresión.

Es sabido que el porcentaje de depresión aumenta considerablemente en las profesiones basadas en servir a los demás.  Los profesores tienen que ponerse, a diario, en la piel de cada uno de sus alumnos para comprender su momento evolutivo y poder transmitirle conocimientos. Los psiquiatras y psicólogos tienen que ponerse también en la situación de cada paciente, para tratar de comprender cómo se han desarrollado sus síntomas y cómo puede salir de su sufrimiento.

Al estar expuestos a tantas personas con necesidades, comprender su sufrimiento, muchas veces nos cargamos excesivamente y tendemos a ver el mundo como un lugar de sufrimiento lo que, si no nos cuidamos, puede llevarnos a elaborar esquemas negativos y en los casos más graves, a sufrir depresión.

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