Hace unos días se celebraba en EE.UU. el Día de Acción de Gracias, acontecimiento que he de reconocer que nunca me había parado a analizar, siempre lo había visto como una “americanada” más, sin profundizar en el sentido que tiene dar gracias.

Estos días estoy recluido en casa por una enfermedad que me produce bastante dolor en la pierna y he visto cómo mi ánimo se ha ido volviendo sombrío, cómo sin darme cuenta iba viendo las cosas desde un punto de vista negativo.

Sin embargo, ayer salí a desayunar a un bar y a leer la prensa como es mi costumbre y, al ver las noticias sobre el Día de Acción de Gracias, me provocó una reflexión y reacción muy bonita. Comencé a pensar en el significado de “dar gracias”. Si os fijáis, solemos dar gracias por aquello que pensamos que no merecemos, que no ha sucedido sólo como fruto de nuestro esfuerzo.

Comencé a pensar en las cosas por las que podía dar gracias, en ese día que estaba abatido por el dolor de mi enfermedad, he aquí unas cuantas:

  • Salí a la calle y… sí , era un día gris y lluvioso pero… podía salir a la calle y caminar libremente, no hay conflictos en la calle, algunas personas estaban barriendo las hojas y limpiando mi camino…
  • Llegué al bar y pedía el desayuno habitual pero esta vez lo saboreé más despacio. No solo había unas personas trabajando en el bar tan temprano para darme servicio sino que tenía todo tipo de periódicos a mi disposición para elegir. Tomé café con porras para acompañar la toma de la medicación. ¡Cada bocado de porra me supo tan bien! Ha habido unas personas recogiendo el trigo, fabricando la harina, transportando los materiales… detrás de esa simple porra.
  • Al tomar las medicinas diarias, necesarias para combatir el virus, pensé: Sí, esto sabe a rayos pero… lo tengo, puedo pagar estas medicinas que palían este dolor. Muchas personas han desarrollado esos fármacos dedicando multitud de horas de trabajo, ensayos y errores. En otras épocas, muchas personas murieron por la misma enfermedad que a mí me aqueja y yo tengo la suerte de poder combatirla.
  • Llegué a casa de vuelta y, en lugar de pensar en mi soledad o el ambiente sombrío de esa casa vacía, saboreé el hecho de tener una casa donde refugiarme, donde no llueve y se está calentito. Fui a la cama y reparé en el mullido colchón y el edredón tan confortable que me cobijan. Y me puse a distraerme con el móvil, ¡ese maravilloso objeto que te trae conversaciones, historias y noticias, música, tiendas de todo tipo,  a la palma de tu mano!

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