Estar apático, desganado, desmotivado, es una sensación, una emoción, que podemos sentir en muchos momentos de nuestra vida. Antes de nada, hay que distinguir si esta sensación dura sólo unas horas o días, lo que es completamente normal, o bien si llevamos así varias semanas o meses, en este último caso sí debería preocuparnos. Lo primero que haremos en este caso será visitar a nuestro médico de confianza y contárselo, por si nuestro síntoma tuviese origen en algún problema orgánico: anemia, descompensación tiroidea u otras patologías que habitualmente puedan cursar con este síntoma de apatía, falta de energía o desmotivación.

Una vez se descarte que nuestra apatía tenga un origen orgánico, exploraremos su origen psicológico, que suele ser el más habitual. No quiere esto decir que, aunque sea psicológico, no esté basado en algún desajuste a nivel cerebral ya sea inflamatorio, hormonal, de neurotransmisores, como suele suceder en otras dolencias psicológicas.

Para esta exploración de nuestro estado psicológico, podemos acudir a nuestro psicólogo de confianza, que nos ayudará a identificar el posible origen de ese estado emocional de desgana, falta de motivación o apatía.

Los motivos pueden ser diversos; inicialmente revisaremos si dormimos y nos alimentamos bien, así como nuestras pautas de ejercicio. Dormir pocas horas o una baja calidad del sueño, nos lleva a un estado de apatía y falta de energía. Lo mismo puede suceder si nuestra vida es excesivamente sedentaria o si no tenemos apenas exposición a la luz del sol en exteriores.

Generalmente la desgana y apatía nos sucede cuando tenemos un problema vital para el que no encontramos solución, esto nos puede llevar a la desesperanza, indefensión, tristeza, lo que a su vez puede producirnos inmovilización, encerrarnos en nosotros mismos, falta de confianza en otros, pérdida de relaciones sociales, dejar de hacer otras actividades que antes nos proporcionaban placer, etcétera. Y puede convertirse en un círculo vicioso, un bucle del que no sepamos cómo salir.

¿Qué podremos hacer, de la mano de nuestro psicólogo de confianza, para superar este estado de apatía, falta de motivación, que tantas veces nos parece eterno y sin solución? Aquí esbozamos algunas de las estrategias que solemos utilizar:

  • Ir incorporando, paulatinamente y sin forzarse, pequeñas actividades en nuestra vida diaria que nos proporcionan satisfacción, aunque inicialmente cuestan: algún paseo o ejercicio físico sencillo, retomar alguna afición, salir a tomar algo con un amigo o solos, etcétera
  • Analizar los problemas vitales que enfrentamos, explicitarlos y estudiar diferentes vías de solución a los mismos
  • Revisar cuáles son nuestros valores, o cuáles queremos que sean, en las diferentes áreas de nuestra vida: familia, ocupación, autocuidado, relaciones, visión del mundo. Esto nos puede aportar vías por las que transitar en el futuro, recuperando cierto sentido de nuestra vida y esperanza

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