En nuestro anterior artículo veíamos cómo, durante los meses que hemos estado confinados para abordar la pandemia del coronavirus, hemos sufrido muchas pérdidas, en diferentes ámbitos: pérdidas de vidas humanas, pérdidas económicas, pérdidas de salud, de rutinas, de control. Hemos sufrido también pérdidas de libertad, de ilusiones, de relaciones humanas…

Como siempre que una persona sufre pérdidas, al igual que sucede cuando perdemos a un ser querido, cada persona necesita un proceso de duelo para digerir estas pérdidas; un proceso más o menos complejo y/o doloroso en función de la entidad y de la profundidad de cada pérdida.

En un proceso de duelo, la persona va transitando diferentes fases hasta llegar, cuando es un proceso bien gestionado, adaptativo y saludable, a la aceptación de la pérdida. En cada una de las fases suelen vivirse unas emociones características. No todas las personas pasan por todas las fases, ni en la misma secuencia temporal, lo importante es no quedarse anclado en una de las fases si no transitar, cada uno a nuestro ritmo, hasta la aceptación de la pérdida.

  •  Fase de negación. A veces nos quedamos en shock, paralizados, tardamos en reaccionar, quizá unas horas, quizá días o semanas. “Esto no me puede estar sucediendo a mí”, “En España esto no nos va a pasar…”, “Yo no me voy a contagiar, sólo les pasa a personas mayores”, “Yo no uso mascarilla, a mí nadie me va a cerra la boca…”. Pensamientos como estos, o parecidos en función de cada pérdida, es muy probable que los hayas tenido durante estos meses. Quedarse anclado en esta fase, nos paraliza para actuar, supone negar la realidad.
  • Fase de ira. Nos enfadamos ante la pérdida, a veces con otras personas a las que envidiamos por no haber sufrido tanto: “¿Por qué otras personas consiguen mantenerse felices, si en España vamos a perder tantas vidas, tantos puestos de trabajo?”, “Claro, este sonríe porque no ha perdido su trabajo como yo…”. Seguramente estemos más irritables, necesitando expresar ese enfado que nos produce la pérdida: “¿Por qué me ha tocado a mí?”, “Mira ese, se salta las normas y yo aquí pringado…”
  • Fase de culpa. Después, intentamos buscar culpables para cada pérdida: “Todo es culpa de este gobierno…”, “Si no fuera por esa gente que se ha saltado el confinamiento, no se habría contagiado mi familia, podríamos haber recuperado antes la libertad…”. E incluso nos culpamos a nosotros mismos: “Tenía que haber ahorrado más, para emergencias como esta…”, “No supimos proteger a papá y ahora ya no está…” 
  • Fase de tristeza. Poco a poco, comprendemos que la pérdida es irremediable y vamos sintiendo tristeza, las cosas no volverán a ser como eran: “Cómo vamos a apañarnos sin… sin esa persona, sin nuestra salud anterior, con 10 kilos más, con mascarilla, sin trabajo, sin libertad de movimientos…”. Sentimos impotencia, indefensión, no sabemos cómo hacer incluso las cosas más sencillas. “No vamos a salir de esta…” 
  • Fase de aceptación. Finalmente, vamos adaptándonos a la pérdida, aprendiendo a funcionar sin ese aspecto de nuestras vidas que hemos perdido. “Es posible que durante unos meses, tenga que aceptar no poder viajar, tener que llevar mascarilla…”, “Voy a dejar de buscar culpables, que me lleva a estar en lucha continua con los demás, y pondré mi granito de arena para salir de esta todos juntos…”, “Cada vez que salgo a la calle, voy a intentar dejar de juzgar a todo el que pase, si cumple las normas o no, no es mi labor y sólo consigo distanciarme de los demás y ser menos humano…”, “Papá ya no está con nosotros, nunca va a volver, hemos podido hacer un acto íntimo como despedida aunque no pudimos estar con él en los últimos momentos. Creo que vivió una vida plena y hemos tenido la suerte de disfrutar muchos años de su presencia, me trae tantos recuerdos y aprendizajes, creí que no sería capaz de vivir sin él y, aunque no es lo mismo, he conseguido ir avanzando con mi vida y a veces la disfruto, como seguro que él querría…”

Lo importante, cuando te veas identificado en este relato que acabas de leer, es que, primero, te permitas sentir esas emociones, tienes derecho a ello. También, que puedas expresarlas de forma adaptativa y sin hacer daño a otras personas, que puedas tener alrededor personas que te acompañen en tus emociones. Si ves que te desbordan algunas de tus emociones, que te quedas en ellas demasiado tiempo y no eres capaz de avanzar, puedes pedir ayuda a tu psicólogo de confianza.

Puedes contactar con nosotros en www-conectia-psicologia.es o llamando al 674 241513. Estamos en Calle Puerto Rico, 8A, zona Hispanoamérica / zona Costa Rica, 28016 Madrid. Te ayudaremos con temas relacionados con este artículo o con otros problemas que quieras resolver.