Estos días estamos todos los hermanos ayudando a mis padres a mudarse de casa. Ha sido la vivienda familiar durante más de 40 años para los once hermanos y mis padres, os podéis imaginar la de experiencias que se agolpan entre aquellas paredes, en forma de recuerdos: fotografías, cartas, objetos de toda índole, muebles acumulados que contienen historias de todos…

Habitualmente los psicólogos consideramos los cambios de residencia como un evento vital muy importante a nivel emocional, que supone un reto para la adaptación. Se dejan atrás muchos recuerdos, costumbres y rutinas. Es necesario un esfuerzo extra, en nuestros ya de por sí ajetreados días, para adaptarnos a la nueva casa, vecinos, tiendas, parques, etc. Y, sobre todo, cuando llega el momento de trasladar nuestras “posesiones”, de darnos cuenta de la cantidad de cosas que acumulamos, de revisar tantos objetos “con historia”, desprendernos de muchos y organizar la mudanza con el resto.

A nivel psicológico, puedo destacar los siguientes aspectos que, al menos nosotros, estamos experimentando:

  • El desorden que se produce al revisar y reabrir armarios, cajones, etc, nos produce ansiedad y sensación de que las cosas están fuera de sitio. Mientras tanto, esas mismas cosas que estamos revolviendo, algunas toca tirarlas y con ellas ordenamos y cerramos mentalmente algún capítulo vital. Esa sensación de revisar y tirar es, en el sentido de nuestro orden mental, placentera.
  • Se remueven y reabren muchos recuerdos, al tener que cuestionar qué hacer con cada objeto que nos ha acompañado durante años. Muchos de estos objetos habían quedado sepultados, quizá a propósito, en su momento y ahora, al revisarlos, abren de forma inconsciente algunos recuerdos que se conectan en nuestra mente y pueden ser tanto agradables como desagradables. Por esto, es recomendable hacer estas revisiones poro a poco, sin prisa y atendiendo a nuestras necesidades emocionales, parando cuando nos desbordan, pidiendo ayuda a personas menos implicadas emocionalmente.
  • Nuestras rutinas se verán alteradas en el nuevo domicilio. Esto, inicialmente nos provocará algo más de estrés, aunque en global puede ser bueno, para movilizarnos, salir de la costumbre y buscar la mejora a través del cambio que tanto cuesta. De repente, tenemos que acostumbrarnos a los nuevos medios de transporte, las tiendas donde abastecernos, los lugares de ocio… ¡Esto es una oportunidad, aunque estrese!

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