Hace unos días, una paciente mía me preguntó por un método de psicología social, la ventana de Johari. He de reconocer que no estaba familiarizado con el mismo y me llevó a reflexionar sobre lo que proponen estos autores: Joseph Luft y Harry Ingham: Se trata de hacer un cuadrante, donde se analiza lo que yo conozco o desconozco de mí mismo, frente a lo que los demás conocen o desconocen de mí.

El primer cuadrante, denominado área libre, sería lo que conozco de mí y los demás también. El área oculta, sería aquello que yo conozco, pero que los demás desconocen. Se trata de aquellos “secretos”, cosas que nos han sucedido y no revelamos. O incluso partes de nuestra forma de ser que no nos gustan y no solemos exhibir en ciertos contextos, por lo que esas personas lo desconocen.

El área desconocida es aquella que ni nosotros ni los demás conocen. En psicología, podríamos decir que son, por ejemplo, sucesos muy antiguos que no recordamos pero que afectan nuestra personalidad, de forma inconsciente. Pueden ser situaciones traumáticas que nos afectaron en la infancia, de las que quienes la ejecutaron no sabían las consecuencias, lo hicieron de forma inconsciente, como por ejemplo no proveernos los cuidados necesarios, que reclamábamos llorando…

Nosotros tampoco las recordamos, al menos conscientemente. Sin embargo, a veces aparecen conductas en nuestro repertorio que nos llevan a pensar que hay traumas antiguos sin resolver.

Por último, el área más curiosa sería la llamada área ciega, Consiste en aquellas cosas nuestras que los demás conocen pero que nosotros no sabemos. No todo tienen por qué ser sucesos que nos han ocurrido y de los que no nos hemos enterado, como por ejemplo, que nuestra pareja nos haya engañado o temas médicos que algún familiar nos oculta, supuestamente para nuestro beneficio.

Desde mi punto de vista, como psicólogo, este último área es muy importante. Son cosas de nosotros, de nuestro carácter, que no conocemos, pero que los demás ven perfectamente. Imaginemos, por ejemplo, nuestra imagen: Estamos habituados a mirarnos al espejo y conocemos nuestra cara de cerca. Si embargo, no tenemos una imagen clara de nuestra espalda, de nuestra forma de movernos… ¿Qué impresión causamos a los demás, físicamente y psicológicamente? Algunos aspectos de nuestro carácter son bastante accesibles a los demás, pero nosotros mismos, por un mecanismo de de defensa, no las reconocemos como propias. Por esto es tan beneficioso contar con personas de confianza que, con cariño, nos ayuden a conocernos.

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