Hace unas semanas, tuve una crisis. Así, como suelen empezar las crisis, algunas cosas me salieron mal, o, mejor dicho, de forma distinta a como yo esperaba. Como mi ánimo tiende a ser depresivo, con poco combustible que se le eche, mi cabeza empezó a razonar que mi vida era un desastre y que la profesión a la que actualmente me dedico, la psicología, quizá había sido una mala elección, que no tengo suficientes capacidades, habilidades y conocimientos para ayudar a las personas.

Como también es característico de las crisis, me fui encerrando en mi interior, dejé unos días de salir a la calle, prefería el oscuro interior de mi casa al soleado (y caluroso) exterior… Y, en casa, sólo te contemplas a ti, estás cara a cara con tus logros, tus objetivos, tus cosas… Me cansé de tanta lucha, de toda la publicidad que hay que hacer para dar a conocer el despacho de un psicólogo, cuyo titular ahora tanto dudaba de su capacidad.

Me harté de la página web, que tantos años ha costado construir, enriquecer y posicionar; no era capaz de escribir un artículo en el blog, en esos momentos dudaba de que tuviera algo interesante qué transmitir.

También la asociación ANPAC, de protección contra el acoso, que llevamos más de un año y medio construyendo, se me hizo como una pesada losa, por momentos no me aportaba nada, no me veía capaz de tirar de ese carro y de ayudar a tantas personas que, una vez la asociación esté a pleno rendimiento, podríamos ayudar. No me veo capaz de sacarla adelante.

En estos meses de verano, julio y agosto, suele ser habitual que los pacientes de psicología se tomen unas vacaciones, muchos se despiden hasta septiembre. Y los nuevos pacientes, aquellos que contemplan que tienen que acudir a un psicólogo, lo suelen posponer para después del verano.

Esto, visto por mis ojos de psicólogo en crisis, significaba… creo que ya no ayudo suficientemente a los pacientes, apenas vienen, otros muchos no vuelven sin apenas despedirse (quizá estén bien, quizá estén peor que cuando vinieron…).

Pero ahora estoy así, como os he narrado, triste. Hoy no soy mucho más optimista que hace unas semanas. Pero al menos he sido capaz de escribir un artículo más, creo que bastante sincero, y expresar mis emociones. Dudo de mí, pero creo que es más una ventaja que una desventaja.

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