Nos sucede con mucha frecuencia, es común a muchas personas pero suele prevalecer en pacientes en la consulta de los psicólogos, en concreto en la mía. Personas que presentan esquemas disfuncionales, es decir, maneras generales de pensar que no son funcionales o adaptativas, sino que les producen malestar. También solemos llamar a estos esquemas creencias irracionales, dado que no son verdades irrefutables sino opiniones particulares suyas, y se convierten en irracionales desde el momento en el que no son lógicas sino que se basan en errores de razonamiento, lo que llamamos sesgos cognitivos. También conocemos estos esquemas como distorsiones cognitivas, dando a entender que distorsionan los eventos reales al interpretarlos de esas formas sesgadas.

Uno de los esquemas más dañinos es el pensamiento todo-o-nada o pensamiento dicotómico. Es el esquema que da origen a las obsesiones y al perfeccionismo. Se trata de juzgar las cosas, los acontecimientos, las personas, en categorías dicotómicas y extremas: Visión en blanco y negro, sin captar los grises o los colores intermedios. O está ordenada la habitación (por completo) o está desordenada. Esa persona es buena o mala, la vida es bella o perra…

Cuando este esquema rígido, todo-o-nada, se aplica con otras personas, nos lleva a los conflictos, dado que encasillar las conductas en dos extremos no demuestra flexibilidad por nuestra parte y nos dificulta estar de acuerdo con los demás.

De forma que es difícil aguantar el carácter tan rígido de estas personas, suelen quedarse solas o rodearse de personas sumisas o muy flexibles.

Cuando el esquema todo-o-nada lo aplicamos a nosotros mismos y lo que nos sucede, tenderemos a la depresión: Puesto que las cosas nunca son perfectas, pensamos que ¡Somos un fracaso, todo lo hacemos mal!

También este esquema es dañino cuando lo aplicamos a una relación de pareja: O me quiere o me odia, o somos felices o tenemos que divorciarnos.

Si te sucede esto a menudo, si eres extremo en tus juicios, seguramente tienes este esquema mental y te está haciendo sufrir. Te animo a que visites a tu psicólogo de confianza, para que, juntos, entendáis a partir de qué experiencias vitales o educativas se ha instalado en ti esa forma de ver la vida y, poco a poco, a través del diálogo socrático y de volver a una figura de apego seguro, consigas flexibilizar un poco ese esquema.

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