Tener una inteligencia privilegiada o simplemente un cociente intelectual por encima de la media es una de las cualidades más valoradas en la actualidad. Las personas con esta cualidad muestran una agilidad a la hora de procesar la información que reciben realmente asombrosa y eso se traduce en un pensamiento más ágil también y frecuentemente en una forma de expresarse que nos asombra.

Casi instintivamente reconocemos a una persona con altas capacidades, pero cabe cuestionarse porqué valoramos tanto esta cualidad y probablemente sea porque asumimos que la persona que la posee tendrá más éxito en la vida, será capaz de afrontar con facilidad los retos que le surjan e incluso que logrará ser más feliz.

Realmente esta asunción no es siempre cierta e incluso en ocasiones es más bien todo lo contrario. Una persona con altas capacidades percibe los estímulos con mucha más intensidad (es como si tuviese un ‘amplificador’) y los procesa con mucha más rapidez (su ‘procesador’ es más eficiente). Pero nuestra mente no sólo recibe y procesa información, también estímulos que suscitan emociones, y es en este aspecto dónde las personas con altas capacidades también están dotadas con una sensibilidad superior. Tener una sensibilidad emocional superior ya no nos suena tan ‘adaptativo’ dado que las emociones expresadas y llevadas al extremo no las consideramos ‘inteligentes’.  A esto hay que añadir el hecho de que su capacidad mental sea más ágil puede generar problemas de incomprensión por parte del resto de personas y que, frecuentemente, las actividades que a la mayoría de las personas les divierten a ellos les suele aburrir.

La concatenación de sentirse incomprendidos, sufrir emocionalmente más que el resto y desmotivación por aburrimiento paradójicamente puede desencadenar fracaso escolar y laboral, depresión e infelicidad, es decir, exactamente lo contrario de lo que presuponemos en una persona con estas cualidades, y lo peor es que el resto poco puede hacer por ayudar pues es la persona con estas capacidades superiores la que ha de intentar comprender a la mayoría.

En resumen, una persona con altas capacidades es una persona que ha de equilibrar la diferenciación que suponen estas cualidades con la adaptación al resto de personas con las que convive: alta capacidad y gran reto, sin duda.

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