Son varios los padres que nos han reseñado que uno de los aspectos que más les ha costado, a nivel psicológico, de su proceso de adopción internacional, ha sido la gestión de la espera: los diferentes trámites iniciales, la espera intermedia y los trámites finales, anteriores a la adopción definitiva del niño.

Lo primero que les diría es que sean muy pacientes. Si un hijo biológico tarda un cierto tiempo (difícil de determinar) en ser engendrado y 9 meses en nacer con las posibles complicaciones en el parto, también un hijo adoptivo puede o no llegar y, una vez nos lo asignan, todavía puede tardar unos meses en confirmarse. No puede saberse, a priori, el tiempo que habrá que esperar, de igual manera que un hijo biológico. Pueden darnos una media de los meses o años que suele durar la espera, pero nuestro caso siempre es distinto, único y especial, como todo niño.

Si tenemos prisa, apenas adelantaremos nada, solo conseguiremos estresarnos, pues la adopción internacional es muy engorrosa, compleja y burocrática. En lo único en que podemos intervenir es en la obtención de los numerosos documentos que son requeridos y que, muchos de ellos, dependen a su vez de largos procesos que requieren tiempo… En definitiva: paciencia. Hablar con la ECAI y con otros padres que ya han pasado por lo mismo, nos podrá ayudar a estimar los tiempos y la dificultad de cada trámite, para ayudarnos a ajustar nuestras expectativas.

Una vez hechos los trámites iniciales viene lo peor: la inquietante espera en la lista, hasta que nos llegue el turno y la incertidumbre de ese periodo: quizá nunca nos llegue el turno, con el tiempo pueden cambiar las condiciones del país de origen, etcétera. Esto nos puede generar mucha ansiedad; esta ansiedad se debe a la incertidumbre, no tener la seguridad, hay un peligro que se extiende frente a nosotros y que podríamos definir como sigue: “¿Y si nunca nos llega el niño?, ¿Y si, mientras llega, cambian nuestras condiciones, no tenemos medios, perdemos la salud o las ganas de tener el niño?

Desde la psicología, os podemos ayudar con esta ansiedad:

  • El primer consejo consiste en desdramatizar: ¿Qué es lo peor que podría suceder si ocurriese lo que temo? Irnos poniendo en lo peor y explorar, en pareja, como afrontaríamos ese hecho. Exponerse en imaginación a lo temido, pensar soluciones si las hay o aceptarlo si no.
  • El segundo consejo es: Evaluar de forma realista la probabilidad de que lo malo suceda. Buscar, en otros expertos, la probabilidad de que suceda, si hay casos al respecto. Generalmente tendemos a creer que la probabilidad de las catástrofes es más alta de lo que esta es realmente. En todo caso, siempre cabrá una cierta probabilidad de que nos suceda lo temido, pero quizá sea tan baja que no merezca tanta preocupación.

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