Muchas personas me preguntan para qué sirve meditar y los diferentes ejercicios que les recomiendo cuando acuden a terapia.

Hoy he decidido preguntarme yo esto mismo e intentar reflejar mi opinión en este escrito, al margen de los libros que existen al respecto, exponer mi experiencia, aunque sea algo tan intangible como meditar.

Resulta que la meditación suele parecernos aburrida, ya que no se espera una producción especial en ese rato, algo a lo que no estamos acostumbrados hoy día: De todas nuestras acciones nos han enseñado a buscar resultados.

A mí, meditar me ayuda a prestar atención a mi “voz interior” y a conocer mis necesidades. Nuestro cuerpo nos intenta comunicar muchas cosas, a través de su temperatura, del dolor, de sus tensiones, fundamentalmente lo hace a través de lo que llamamos emociones, que son un conjunto de síntomas viscerales y de todo nuestro cuerpo, que la evolución nos ha grabado, asociados a comportamientos que sería bueno ejercitar cuando las sentimos. Sí, en lugar de escuchar a nuestro cuerpo “llamarnos a gritos”, intentamos callarle con medicinas o corriendo todo el tiempo para no prestarle atención,  el cuerpo enfermará.  Tantas veces intentamos callar ese malestar interior poniendo música alta, siempre televisión encendida, huyendo de nuestra soledad… y así no escucharnos a nosotros mismos.

En otras muchas ocasiones, evitamos escuchar las necesidades de nuestro cuerpo, propiciando diferentes líneas de pensamiento simultáneas en nuestro cerebro, que producen ruido, cansancio interior, y no nos permiten concentrarnos.

En una palabra, a mí meditar me sirve para ser. En esos momentos me convierto en una persona sin objetivo concreto más que ser. Obviamente mi cuerpo continúa realizando, de manera autónoma, sus conductas de supervivencia. Mi cerebro, durante un rato, intenta, con cariño y amabilidad, atender a un objeto, una sensación, a su propio ser o consciencia.

La mayoría de las personas entienden perfectamente cuando les explico que meditar es similar a los entrenamientos de Rafa Nadal. El objetivo de Nadal es ganar partidos y, en su día a día, entrenando ciertos movimientos o en el gimnasio, no está jugando partidos, pero todo ese entrenamiento le sirve a su objetivo final.

Si el objetivo de mis pacientes, y el mío propio, es el bienestar, meditar es un ejercicio diario que nos ayuda en esa dirección.

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