Quisiera reflexionar, en este segundo artículo sobre las personas que no tienen trabajo, sobre las emociones y los pensamientos que suelen desarrollarse durante el período en que un parado busca empleo.

¿Por qué quiere uno trabajar? En mi opinión un trabajo, aunque no sea el ideal, aporta mucho más que un sueldo a fin de mes. Por una parte, ayuda a la persona a desarrollar sus habilidades y a estar activo. Esto le sirve de recompensa a su autoestima, la persona se siente útil, productiva. Todos tenemos una necesidad de sentirnos útiles a la sociedad en que vivimos, dar además de recibir, y esto suele medirse a través del trabajo que desarrollamos.

Otro aspecto, no muy tenido en cuenta, que nos aporta tener un trabajo, es que nos ayuda a elaborar nuestro relato vital, nuestra identidad; somos, en gran parte, lo que hacemos. Muchas veces, cuando nos preguntan quiénes somos, solemos comenzar el relato por decir a qué nos dedicamos. Cuando pasamos meses, incluso años, en el paro, se va desdibujando un poco nuestra identidad. Recuerdo un paciente que vino a mi consulta, una persona muy exitosa a nivel laboral, que al borde de los 55 años perdió el empleo y, lejos de considerarlo un descanso, una especie de jubilación anticipada, se sentía fatal pensando en lo que podía ofrecer a la sociedad aún, que ninguna empresa valoraba.

Desde mi punto de vista, lo que más perturba cuando uno pierde su trabajo es la pérdida de sus rutinas de vida. El trabajo suele actuar a modo de andamiaje de nuestro día, alrededor del cual uno va ubicando el resto de sus costumbres. Nos fuerza a levantarnos a una cierta hora, a organizar nuestros horarios de comidas y sueño y ya sólo esto es muy sano para nuestro cuerpo. A pesar de tener ocupadas ocho horas al día para trabajar, alrededor del mismo tenemos otras actividades: deporte, compras, gestiones, que vamos colocando en función del horario laboral, pero que realizamos gracias a que ya estamos activos.

Esto último lo he constatado, además de por experiencia propia, tratando a varios pacientes en paro a lo largo de los años. Eran personas muy activas, que se organizaban para hacer deporte, ir a la compra y todo tipo de gestiones, en medio de largas jornadas laborales. De repente, tienen todo el día libre y se pasa el tiempo… Da pereza hacer deporte, incluso salir y activarse para hacer una mínima gestión.

Si estar en paro te provoca estos u otros problemas, no dudes en consultarlos con tu psicólogo de confianza.

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