Llega septiembre, la vuelta al colegio de nuestros niños, la vuelta al trabajo para una mayoría de personas que, obligadas o no por su empresa, siguen escogiendo agosto para sus vacaciones. Y muchos de ellos, tanto niños como adultos, van a pasar por el llamado síndrome post-vacacional. ¿A qué es debido este síndrome? Fundamentalmente, se debe a haber dejado a un lado las rutinas que habíamos labrado, costosamente, a lo largo del año anterior. Y nos suele costar bastante adquirir hábitos y rutinas.

Hoy quisiera detenerme en aquellas personas que no van a pasar este síndrome post-vacacional, por la sencilla razón de que no tienen un trabajo.

Hay diferentes tipos de personas en paro, en función del tiempo que llevan sin trabajar, de su experiencia laboral o la falta de ella, de sus posibilidades de reciclarse a un nuevo tipo de trabajo, etc. Cada persona, en función de su tipo de situación y su personalidad, sufre diferentes emociones y cambios de carácter en este período de paro.

  • Los parados mayores de 40 años. A partir de esta edad, y en mayor medida cuando se superan los 45, las empresas no suelen considerar estos perfiles. En un mundo laboral cambiante e innovador, se premia la juventud, las personas más adaptables, frente a los que son algo más mayores y aportan experiencia (ahora poco valorada, quizá los nuevos retos de la empresa exijan creatividad y flexibilidad). Cuando las personas mayores  de 45 años tienen varios fracasos en sus candidaturas de empleo,  pueden sufrir impotencia, pensar que no son valoradas y caer en la indefensión. La mejor actitud en estos casos es aceptar el mercado laboral tal como es y tratar de renovarse, analizar sus fortalezas y ver en qué otros puestos de trabajo, aún no explorados, podría encajar. O emprender, llenarse de valor e inventar una nueva aventura.
  • Los parados jóvenes pueden pensar que el mercado laboral no les entiende, no evoluciona para admitir ese nuevo carácter que trae la nueva generación, poco beligerante, no habituada a la lucha, pero con ideas nuevas, creativas y rompedoras. Los jóvenes que fracasan en sus candidaturas, se van frustrando al ver trabajos mal pagados (al principio), que sólo te valoran si tienes experiencia (imposible al principio). Lo que tienen que hacer es ir probando diferentes experiencias laborales, desde prácticas hasta emprendimiento, no pensando en la seguridad económica (ya no existe) sino buscando la flexibilidad y creatividad, propias de su juventud.

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